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El lugar al que siempresabemos volver.
Hormigón, torres de luz, gradas azules y blancas. Desde 1974, el José Rico Pérez es una coordenada de la memoria alicantina.
Arquitectura emocional
Una casa no se mide solo en metros.
Puede medirse en pasos desde la esquina de siempre, en voces que se reconocen sin verse o en la distancia exacta entre el último semáforo y la primera visión de las torres.
La grada alta
Tres niveles azules levantados sobre el campo y recorridos por pasillos amarillos.
Los laterales curvos
Una geometría abierta que acompaña el terreno de juego y distingue al recinto.
Las torres
Fustes de luz visibles desde la ciudad, parte de la llegada incluso antes de entrar.
La inauguración
El 3 de agosto se abrió una casa nueva. El estadio dio forma arquitectónica a una ambición que ya recorría la ciudad.
El Mundial
Las gradas recibieron al mundo. Alicante quedó incorporada a una memoria futbolística mucho más grande que sus límites.
Los regresos
Los ascensos tienen sonidos concretos: una grada que se levanta, un abrazo desconocido, la ciudad que al día siguiente parece distinta.
La espera
El estadio también existe vacío. En el silencio de sus gradas se acumula todo lo que aún no ha sucedido.

Durante unos minutos, todo vuelve a ser posible.